Compacto
de Argentino Luna (Osiris Rodriguez Castillo) |
DEL
MALEVO (POEMA)
Letra de Argentino Luna
Yo
no atrancaba la puerta de mi rancho, ni durmiendo,
pa que?, si al lao de ajuera, por malo que juese
el tiempo
la enrrejaba de colmillos,
el coraje de mi perro, cimarrón, medio
atigrau.
Lo
hallé perdiido en la cierras, boqueando
de agusanau,
malou!!, como manga e piedras,
tuve que traerlo enlazau, pa curarle las bicheras,
y ahi se quedo aquerenciau, compañero de
horas lerdas.
Troteando
abajo el estribo,
ni calculaba las leguas,
y en donde aflojaba sincha,
se echaba a cuidar mis priendas.
Eso
si!, muuy delicau,
manosearlo, ni le cuento,
se ponia de ojo estraviau,
y se le erisaaba el pelo,
con que tenia ¡bien! ganau,
su apelativo: "El malevo".
Que
animal capacitau, pal trabajo en campo abierto,
habia que verlo al mentau, trajinando en un rodeo;
de ser cristiano, clabau,
era doctor ese perro
Yo
hechar tropilla al corral, le chiflaba entre los
dedos,
y embretau en el chiflido, me los tráiba
clin al viento,
y hera un abrojo priendido,
a los garrones del trueno
Una
vez, bandeando tropa,
con mucha agua en el rio negro,
caí quebrau de un apretón, entre
un remolino e cuernos,
y me ganó la moyera, la oscuridá,
y el silencio.
Cuando
volví abrir los ojos, cruzaba una nuve
el cielo,
gemiiidos y lambetazos, llegaban como de lejos,
redepente compriendí, medio me senté
en el suelo,
para entregarle las grasias: ¡HERMANO!,
de esta te quedo deviendo,
no me halla ni el pan bendito, si no me sacás
malevo;
y una inmensa gratitud se me atracó en
el garguero.
Bueno
la cosa pasó, yo dentré pal casamiento,
hice el horno, la cocina, mi rancho estiró
un alero,
y en su chúcara clinera,
charqueó el arrorró y el reso.
A
los dos años, gateaaba mi gurí sobre
un pelero,
o andaba po el guardapatio, priendiiu a la cruz
del perro
HAA¡ por que el me le sacó, las cosquillas
al malevo;
lo habra tomau por por cachorro de su cria el
pendenciero.
Le
soportaba imprudiencias,
se priestaba pa sus juegos,
y ande amenazaba a caerse,
se le hechaba bajo el cuerpo.
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La
cosa fué tan de golpe,
que hasta me parece cuento,
fué después de un medio día,
como pa fines de enero.
Yo
me habia hechao en el catre
pa descabesar un sueño,
la patrona, trajinaba,
proseando con el borrego,
Y
UN¡ redepente aquel grito como de terror:
¡¡ROSENDOO!!
y ya me pelé pal patio,
manoteando un carorero
Ella
estaba contra el horno
tartamudeando en silencio,
tenia el gurisito alsau, teemblooroso contra el
pecho,
y abanzando agazapau, como una fiera, MI PERRO.
Enseñaba
unos colmillos como puñales,
los pelos;
se le habian puesto de un modo que costaba conocerlo,
y en las brazas de sus hojos, se habian quemau
los recuerdos.
De
un salto me le puse en frente,
le pege le grito: !!MALEVO¡¡
le vi soltar una baba,
!Esta rabioso Rosendo¡
No
te me acerques hermano,
no te me acerques,
hermano hecha pa tras,
hecha pa tras !!JUEERA PERRO¡¡.
Redepente
ne saltó
ladeé pa un costado el cuerpo
y sentí como que la mano le topaaba contra
el pecho
y cayó; casi sin ruido, como una jerga
en el suelo.
Cuando
lo miré, los ojos
se le habian puesto muy güenos
como dandome las gracias
se le acortaba el resuello
Se
arrastró, lamió mis pieses y me
brotó un lagrimeo
no tenia pa elegir, HERMANO, tabas enfermo,
fué po el cachorro sabés, de no
no lo hubiera hecho,
meneó la cola una vez, dos veces, y quedó
muerto.
Por
eso, es que desde entoces, no me gusta tener perro,
y cuando voy de a caballo, me parece que lo siento,
seguir abajo el estribo,
trote y trote por el tiempo.
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