Héctor
Roberto Chavero Aramburo nació en
la provincia de Buenos Aires, un día
lluvioso de enero de 1908, en el paraje
conocido como Campo de la Cruz, y fue registrado
en Pergamino, ciudad distante a 30 km de
allí, 88 km al norte de Junín
y 224 km al noroeste de la ciudad de Buenos
Aires. Su padre era originario de la provincia
de Santiago del Estero ( Loreto), situada
unos 800 km al norte, y tenía sangre
quechua. Su madre era vasca. Los
primeros años de su infancia los
pasó en Roca, pueblo de su provincia
natal, donde su padre trabajaba en el ferrocarril.
Allí
sus días transcurren entre los asombros
y revelaciones que le brinda la vida rural
y el maravilloso descubrimiento del mundo
de la música, al que se acerca a
través del canto de los paisanos
y el sonido de sus guitarras: "(...)
mientras a lo largo de los campos se extendía
la sombra del crepúsculo, las guitarras
de la pampa comenzaban su antigua brujería,
tejiendo una red de emociones y recuerdos
con asuntos inolvidables. Eran estilos de
serenos compases, de un claro y nostálgico
discurso, en el que cabían todas
las palabras que inspirara la llanura infinita,
su trebolar, su monte, el solitario ombú,
el galope de los potros, las cosas del amor
ausente. Eran milongas pausadas, en el tono
de do mayor o mi menor, modos utilizados
por los paisanos para decir las cosas objetivas,
para narrar con tono lírico los sucesos
de la pampa. El canto era la única
voz en la penumbra (...) Así, en
infinitas tardes, fui penetrando en el canto
de la llanura, gracias a esos paisanos.
Ellos fueron mis maestros. Ellos, y luego
multitud de paisanos que la vida me fue
arrimando con el tiempo. Cada cual tenía
'su' estilo. Cada cual expresaba, tocando
o cantando, los asuntos que la pampa le
dictaba" ("El canto del viento",
I).
Y
la guitarra será un amor constante
a lo largo de toda su vida. Luego de un
breve y fracasado intento con el violín,
comienza a tomar clases de guitarra con
el maestro Bautista Almirón, y allí
queda marcado a fuego su destino y su vocación.
Descubre, además, la existencia de
un vasto repertorio que excedía los
temas gauchescos.
"Muchas
mañanas, la guitarra de Bautista
Almirón llenaba la casa y los rosales
del patio con los preludios de Fernando
Sor, de Costes, con las acuarelas prodigiosas
de Albeniz, Granados, con Tárrega,
maestro de maestros, con las transcripciones
de Pujol, con Schubert, Liszt, Beethoven,
Bach, Schumann. Toda la literatura guitarrística
pasaba por la oscura guitarra del maestro
Almirón, como derramando bendiciones
sobre el mundo nuevo de un muchacho del
campo, que penetraba en un continente encantado,
sintiendo que esa música, en su corazón,
se tornaba tan sagrada que igualaba en virtud
al cantar solitario de los gauchos"
("El canto del viento", II).
Sus
estudios no pudieron ser constantes ni completos,
por diversos motivos: falta de dinero, estudios
de otra índole, traslados familiares
o giras de concierto del maestro Almirón,
pero como él mismo señala
estaba el signo impreso en su alma, y ya
no habría otro mundo que ése:
¡La Guitarra! "La guitarra con
toda su luz, con todas las penas y los caminos,
y las dudas. ¡La guitarra con su llanto
y su aurora, hermana de mi sangre y mi desvelo,
para siempre!" ("El canto del
viento", II).
Desde
que empezó a dar a conocer sus poemas
firmaba con el seudónimo de Atahualpa
Yupanqui. La etimología de este nombre
la dio él mismo: "Viene de lejanas
tierras para contar algo" (Ata: viene;
Ku: de lejos; Alpa: tierra; Yupanqui: narrarás,
haz de contar).
Se
cuenta que sus manos fueron gravemente dañadas
a culatazos por un grupo militar de extrema
derecha. Las Coplas del payador perseguido,
serían, al parecer, una respuesta
a dicha agresión: "y aunque
me quiten la vida/ o engrillen mi libertad/
y aunque chamusquen quizá/ mi guitarra
en los fogones/ han de vivir mis canciones
en l'alma de los demás". Esta
canción estuvo prohibida en algunos
países, como, por ejemplo, en la
España franquista. Atahualpa Yupanqui
estuvo exiliado en París (Francia),
ciudad en la que murió. |
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